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¿Observas tu vida como si fueras un espectador? Podrías tener el trastorno de despersonalización

El trastorno de despersonalización crea una barrera invisible entre la persona y su entorno. Esta condición de salud mental fusiona la ansiedad con una desconexión profunda de la realidad.

No se trata de una simple distracción, sino de una extrañeza que afecta al 2% de la población mundial, menciona un artículo publicado en Discoveries. Los pacientes observan sus acciones desde fuera, como si vivieran tras un muro.

Este mecanismo de defensa se vuelve más rígido y exige explorar qué sucede dentro de la mente. La experiencia de ser un observador externo de la propia vida transforma el día a día en algo extraño.
El trastorno de despersonalización podría aparecer en momentos de ansiedad. Canva

¿Qué es el trastorno de despersonalización y cuáles son sus características?
El trastorno se define como una desconexión persistente del cuerpo o una percepción falsa del mundo. La prueba de realidad se mantiene intacta, pues la persona sabe que lo que siente no es normal.

Sentirse como un autómata sin control sobre lo que se dice genera una angustia constante. Las emociones parecen silenciadas, creando un adormecimiento que impide conectar con los seres queridos.

La vista suele jugar trucos donde el entorno luce plano, borroso o distorsionado. El tiempo también se altera, pasando muy rápido o lento, mientras lo familiar se vuelve repentinamente ajeno.

Así es el trastorno de despersonalización, de acuerdo con el artículo mencionado y el Manual MSD:

Despersonalización: Es la sensación de ser un observador ajeno de los propios pensamientos o del físico, perdiendo el sentido de pertenencia sobre los movimientos y la voz propia.

Desrealización: Implica percibir el entorno y los objetos como algo irreal u onírico. El mundo exterior parece una película mal editada donde nada tiene la profundidad o el color habitual.

Conciencia intacta: A diferencia de la psicosis, el paciente reconoce que la sensación es una ilusión. Esta lucidez aumenta el miedo a perder la cordura, aunque no esté ocurriendo.
El trastorno de despersonalización suele originarse desde la niñez. Canva

¿Cómo se origina el trastorno de despersonalización?
Aunque la causa exacta permanece en estudio, se entiende como un recurso cerebral ante el estrés. La mente decide desenchufarse para protegerse y crear una distancia emocional de seguridad.

El trauma infantil aparece como un protagonista frecuente en estos casos. El abuso o la negligencia programan al cerebro para disociarse como una respuesta de supervivencia que se queda activada.

Factores biológicos también intervienen mediante alteraciones en las conexiones neuronales. Existe un cortocircuito que impide que las emociones se integren correctamente en la conciencia del yo.

Así surge el trastorno de despersonalización, según el estudio de Innovations in Clinical Neuroscience (ICNS):

Trauma acumulado: El maltrato emocional en la infancia funciona como un detonante principal. La mente se fractura para soportar vivencias que superan la capacidad de procesamiento.

Respuesta al peligro: El cerebro se desconecta para amortiguar el impacto de una amenaza. Es un escudo químico que intenta reducir el sufrimiento ante situaciones de alta tensión.

Neurobiología: Las alteraciones en la actividad de la corteza prefrontal dificultan la integración emocional. El sistema límbico reacciona de forma atípica, manteniendo el estado de alerta.
En momentos de dolor emocional, el trastorno de despersonalización protege al individuo. Canva

¿Cómo ocurre el trastorno de despersonalización?
El inicio de este trastorno ocurre comúnmente en la adolescencia o antes de los 25 años. Resulta extremadamente raro que aparezca en la madurez o después de los 40 años de edad.

Aparece de repente tras un ataque de pánico o se instala gradualmente como una niebla persistente. La duración es impredecible, variando entre episodios breves y condiciones crónicas de larga data.

El miedo a los síntomas alimenta un ciclo vicioso que mantiene la despersonalización activa. Entornos desconocidos o luces intensas suelen agudizar la sensación de irrealidad en los afectados.

Estos son los periodos en los que aparece un episodio del trastorno de despersonalización:

Edad de inicio: El trastorno se manifiesta con frecuencia durante la juventud. Casi todos los casos registrados inician en etapas de desarrollo donde la identidad aún se consolida.

Temporalidad: La condición puede presentarse por horas o volverse constante durante años. La persistencia depende en gran medida del manejo del estrés y la ansiedad base.

Reducir la fatiga y el miedo a la sensación ayuda a que el cerebro desactive este mecanismo de defensa.
La terapia psicológica ayuda a reducir los momentos donde una persona siente que observa su vida fuera de sí. Canva

¿Cómo se diagnostica y tratar el trastorno de despersonalización?
El diagnóstico requiere un oído experto para descartar el uso de drogas o problemas neurológicos. La clave es que el paciente mantiene la conciencia de que su percepción falla, no la realidad.

La terapia cognitivo-conductual destaca como el tratamiento más efectivo actualmente. Ayuda a reinterpretar los síntomas como ansiedad mal gestionada y no como una señal de locura inminente.

Al perder el miedo a la irrealidad, el cerebro deja de necesitar esa defensa y la pared de vidrio se rompe. Existen herramientas sensoriales que fuerzan a la mente a reconectar con el presente.

Diagnóstico clínico: Se descarta la epilepsia o efectos secundarios de fármacos. La capacidad de distinguir entre la sensación interna y la realidad externa confirma el trastorno.

Psicoterapia: El enfoque cognitivo bloquea los pensamientos obsesivos sobre la propia mente. Al entender el proceso disociativo, el paciente recupera la calma y la integración.

Técnicas de enraizamiento: Usar el tacto con hielo o escuchar música fuerte ayuda a reconectar. Estos estímulos físicos sacan a la persona de su cabeza y la devuelven al entorno real.

Lidiar con este desafío puede ser complejo. Por ello, es necesario acudir con un especialista para minimizar los momentos en los que una persona parece ser un espectador más de su vida.