Siempre estamos vigilados

La semana pasada, la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana Leah Francis Campos alertó en su cuenta de X sobre posibles riesgos de espionaje asociados al uso de la tecnología china.
Y es que cuando hablamos de vigilancia tecnológica, inmediatamente pensamos en China: cámaras por todas partes, reconocimiento facial, inteligencia artificial y sistemas capaces de identificar y seguir a los ciudadanos.
Pero cuidado: el riesgo de vivir vigilados no es solamente chino.
Estados Unidos también ha desarrollado enormes capacidades para recopilar información, interceptar comunicaciones y monitorear actividades digitales en nombre de la seguridad nacional.
Los programas de vigilancia estadounidenses han provocado durante años un intenso debate sobre los límites que debe tener el Estado frente a la privacidad de sus ciudadanos.
Y aquí está el verdadero punto de discusión: no se trata de decidir quién vigila más, sino de preguntarnos hasta dónde debe permitirse que un gobierno vigile a su población.
Porque la tecnología puede ser una extraordinaria herramienta contra el crimen y el terrorismo, pero también puede convertirse en un instrumento de control social.
Nuestros teléfonos saben dónde estamos. Las redes sociales conocen nuestros gustos. Las plataformas registran nuestros hábitos. Las cámaras pueden identificar nuestros rostros y la inteligencia artificial puede analizar enormes cantidades de información en segundos.
El problema comienza cuando el ciudadano deja de saber qué información se está recopilando, quién la posee, para qué se utiliza y qué controles existen sobre quienes tienen acceso a ella.
China no debe ser el único espejo en el que nos miremos.
Estados Unidos, Europa y todas las democracias también tienen que demostrar que la seguridad no será utilizada como excusa para destruir el derecho fundamental a la privacidad.
Porque una sociedad verdaderamente libre no es aquella donde los gobiernos pueden verlo todo.
Es aquella donde el Estado tiene límites, el ciudadano tiene derechos y quienes poseen el poder de vigilar también pueden ser vigilados.